Rompimientos.
¿Cuál es el rompimiento que duele más? Claro que sabemos que todos duelen en algún nivel de forma específica y dependiendo de las circunstancias. La nocicepción es un concepto tanto abstracto como científica. El cerebro es una maravilla, pero es también imperfecto, tanto como para no poder diferenciar entre el dolor físico y el dolor emocional. Nos hace vulnerables a muchos estímulos negativos en nuestra vida. También está el hecho de que los humanos somos socialmente activos, de manera que se nos es difícil vivir aislados en algún sitio antes de perder la cordura. Pero también tenemos que conocer el lado malo de la sociedad antes de querer alejarnos de ella temporal o permanentemente. El quiebre de un vínculo de confianza es doloroso. El dolor de un corazón roto equivale a romperse un hueso. Los llantos de un ser querido arremeten como agujas al corazón propio. Por eso sufrimos y lloramos de muchas formas, porque sabemos que nada volverá a ser igual.
Los amigos son una parte fundamental de nuestras vidas. La segunda familia. Un círculo donde nos desarrollamos socialmente. Existe la confianza de decir lo que nos gusta y lo que no, sin temor a ser juzgados, porque sabemos que al menos una persona comparte esos gustos con nosotros. Sin embargo, el rompimiento de ese vínculo supone una tremenda tajada en el abdomen. Cuando uno se entera de que se está con él o ella por mera conveniencia, que en realidad hay más mentiras que verdades en esas conversaciones que consideraste tus ratos de lugar seguro, que en realidad ese baúl humano en el que guardaste tus secretos más profundos fue un vocero pretencioso que ansiaba un poco de atención de terceros, y te usó como tema de conversación se termina todo afecto. Una profunda puñalada en la espalda.
La pareja es uno de los pilares más importantes en la vida del ser humano. Desde una etapa temprana crecemos con cierta curiosidad al otro, pero poco a poco se va acrecentando hasta convertirse en genuino interés. La línea final incluye el convivir con esa otra persona en un espacio compartido, según lo estandarizado. Esa relación se fortalece con la confianza, la comunicación, los detalles, los momentos compartidos y sin duda el hallar un equilibrio que creemos inquebrantable con esa persona. Pero hay ocasiones en que para el otro no le es suficiente todo el empeño que uno pone al asunto. Empieza a haber faltas a los acuerdos, mentiras y probablemente un tercero en discordia. Ese rayón en el bosquejo de lo que había sido una ilusión que por poco toma color, ahora no es nada. El hecho de que uno se esforzara al máximo en conservar todo lo bueno de esa relación es sin duda uno de los dolores que, lamentablemente, se traduce en una sensación de fracaso e insuficiencia para el mismo individuo, pero de eso podremos hablar más adelante.
La familia es el conjunto de personas con las que tenemos nuestras primeras interacciones sociales. Un régimen que respetamos al buscar nuestra conservación en un mundo que, sabemos inconscientemente, nos puede dañar si no está alguien ahí para protegernos. Son los que nos han visto crecer, nos moldean a su enseñanza y forma de ser y pensar. Somos lo que somos gracias al apoyo que nos han dado. Pero este quiebre es un arma de doble filo, aunque no simultáneo, y una vuelta de esa lanza puede provocar el siguiente golpe, disputando por cual de ambos será el más sangriento y mortífero, y quizá el final. Un solo desacuerdo puede provocar que un tablero de cuatro pilares se halle en peligro de caer. Los hijos se rebelan, los padres reprenden y reprimen. Es una disputa de generaciones. Una guerra entre las nuevas ideas y las costumbres. Lo que es considerado normal y lo nuevo. Cuando tus padres te miran con decepción porque no fuiste ello que querían que fueras se te forma un nudo en la garganta, a pesar de que no sea tu culpa. Cuando ellos ven cómo el fruto de su relación les guarda rencor, porque ahora se dan cuenta de qué tanto dolor estuvo causando si indiferencia e insatisfacción en aquella existencia llena de sueños, ahora muertos o podridos, es cuando se arrepienten. Pero deliberadamente deciden no decir nada y esperar a que los hijos lleven las disculpas a la mesa, porque a ellos se les enseñó de una manera. Actualmente puede traducirse como respeto por ellos o miedo por las nuevas generaciones, quienes son producto de aquellos años de represión y que ahora quieren probar la libertad, pero que desafortunadamente no saben cómo llegar a ella.
Sin duda todos estos ejemplos son un reflejo de una sociedad fragmentada. No sabemos qué tanto daño le hacemos al otro, porque indudablemente nunca nos ponemos a pensar en ese propósito, y aunque la intención no sea esa. El mayor rompimiento es el que le hacemos a nuestra propia persona. El estar decepcionado con y de la única persona que estará con nosotros nuestra existencia es un dolor indescriptible. La persona con la que lidiamos mucho, ese niño asustado que fuimos en el pasado que no logró sanar de las circunstancias que después lo convirtieron en un monstruo pesimista o ególatra. Ese que está llorando debajo de la cama. Ese que tiene sus manos rotas por los favores que se le exigieron. Ese porque tiene los ojos hinchados de llorar y de no dormir. Esas noches de insomnio y asco de uno mismo. Esas espinas que nunca lograron sacarse y que ahora entraron profundo a controvertir la existencia de la persona. Esa sensación de no ser suficiente para nadie, ni siquiera para uno mismo. Y lo que más duele es el silencio ensordecedor cuando se ruega por una respuesta y no hay nadie quien nos auxilie. Porque sólo nosotros mismos la tenemos, pero ese cielo fragmentado es nuestro rompimiento.
Me parece impresionante tu ensayo, los temas que tratas son temas que estoy segura, todos podemos relacionarnos, además de que la manera en que lo haces me provocó una profunda tristeza, me encantó 10/10.
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