De cómo las fisuras del corazón terminan por quebrar la cotidianidad
De cómo las fisuras del corazón terminan por
quebrar la cotidianidad
Queda clara e innegable, una vez más, la eficacia de la poesía para darle
coscorrones dulces tan bien a los sentidores como a los indiferentes. Jordi
Virallonga, con dos poemas aparentemente sencillos y que podríamos ingenuamente
interpretar como una pequeña rabieta con objetivo de desahogo, termina, en
realidad por inyectarnos las venas de verdad, y esa verdad nos fluye amarga por
el cuerpo porque en el fondo, es inevitable saberse bien reconocido en esos
pellizcos que nos propina la vida cuando nos inundamos de ondas que ciegan las
mentes y los sentidos.
Hablando superficialmente sobre la forma, no parece necesario rebuscarle
interpretaciones a ninguna de ambas obras. En este caso, la revisión literal no
es insípida, porque es un trazo del mundo tal cual es y tal cual funciona (o,
mejor dicho, no funciona), se vuelve poderoso, precisamente porque es una tajante
caricia ante el enaltecimiento del uso saturado de figuras literarias para
hacer palpable el sentir que evocan las imágenes narradas. El sentimentalismo
en los poemas referidos es sutil, se cuela por las rendijas de los ojos y oídos
como una brisa cálida para después darle un espadazo al corazón por detrás. Es
un ejemplo funcional de todo el alcance de la sencillez y de la astucia
escritural.
Ahora bien, hablando superficialmente sobre el contenido, nos encontramos
con dos situaciones que originan una amalgama de desesperación, desesperanza y
otros tantos despojamientos de la belleza de una atmósfera idealizada: la
diaria convivencia familiar. En la mímesis del arquitecto nos topamos con un
matrimonio disfuncional que, aparentemente, construyó, en todo sentido, un
hogar que finalmente se desmorona, afectando a quienes no pueden hacer más que resguardarse
de la violencia en pequeñas burbujas salvadoras de cuentos y canciones,
declarando la frialdad de la permanencia sin presencia genuina. Por su parte, “Mira,
padre, no te enfades” es un desgarrador retrato de un padre vicioso desde una
perspectiva infantil llena de inocencia y fragilidad.
Es más que evidente que el tema principal en estos dos poemas es la
ausencia. La ausencia como causa y origen, la ausencia como consecuencia y el
dolor que este ciclo vicioso ha desencadenado en dos núcleos distintos que la
ven desde tan cerca. Definitivamente es
un tópico que da pie a la reflexión, independientemente de estar hablando
específicamente de los efectos que tiene el desgaste de los vínculos afectivos
en quienes están alrededor de ellos, vale la pena tener presente, de forma
general, todo en lo que puede desembocar vivir por costumbre.
Jordi Virallonga nos regala la oportunidad de retirar el velo de Hera de
nuestros rostros para poder contemplar, bellamente y a través de lo que nos
apasiona como lectores, cómo el dominio sentimental sin canalizar tiene fuerzas
suficientes para desequilibrar completamente muchas vidas.
Una hermosa manera de proyectar el sentimentalismo de los poemas a través del lenguaje figurado, que es, sin duda, uno de tus fuertes. Maravilloso trabajo.
ResponderEliminarMe parece un bello y apropiado análisis de este par de poemas. Es difícil que los padres, a pesar de estar presentes como en lo que nos presenta Virallonga, están ausentes debido a los vicios que mencionas. A veces esas presencias ausentes resultan más tortuosas. Me gustó tu escrito y la exploración que haces a través de las distintas dimensiones que forman estos poemas.
ResponderEliminarMe asombra y me maravilla tu habilidad para expresar todas tus ideas con un lenguaje muy poético, puedes convertir a la más mundana de la oraciones en algo digno de ser leído con admiración,
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