LOS ENREDOS DEL AMOR
Desgasto el tiempo ubicando mal al amor. Trato de encontrarlo en el paso de los años, en el garabateo interno de mis versiones pasadas, en la urgencia por hacerlo llegar y encasillarlo ahí. Lío sus restos con paciencia y embrujo, porque sé lo inestable que es.
Muchas personas lo desperdician sin saber porqué, sin gracia y por mera fatalidad. No alertan que el amor es algo así como una red tejida. Un camino lleno de giros. Un laberinto enrevesado donde parece que nos perdemos en cada encrucijada y nudo.
Porque el amor es así. A veces se enreda y ocupa un espacio mucho más grande del que le podemos dar. Pero está. Siempre está. Ya en un corazón necio por latir, ya en el hilo rojo de mi meñique hasta tus caderas, ya en el intento de desmantelarlo y así, hacerlo menos complicado.
Pero ¿Cómo nos deshacemos del ruido que genera?
Lo advertimos en muchos lados, en diferentes formas y con distintos sabores. Lo queremos guardar para después, por si hace falta, o por si las dudas. No queremos que se acabe, y de ser así, recetarlo en dosis pequeñas para que dure más.
Pero aunque el amor sea una madeja, siempre nos llevará a lugares inesperados, a caídas sin paracaídas y a lazos enredados. Porque no hace falta descifrarlo hasta las nueces para darnos cuenta que cualquier intento por desatarlo es amor.

El deje melancólico que te trasmite al leerlo es notable; sin embargo, es hermoso, hablar del amor es benévolo, independientemente de su fin para causar paz y tranquilidad o culpa y malestar.
ResponderEliminarEl último párrafo es revelador, y es que en otras palabras te dice que amar no es errar, es experimentar, y eso es lo que está bien.