LA VIDA DE LOS OTROS

 Termino de escuchar Sonata para un hombre bueno. Y porque a veces la existencia es cruel, agradezco. No puedo pensar sino en un poema de Francisco Zapata: No puedes ser libre donde nadie lo es. ¿Cómo puede una obra de arte hacer olvidar una guerra, las convicciones, los ideales? Reflexiones sobre las relaciones prohibidas del arte con la realidad.


Durante la dictadura de Pinochet una escritora daba un taller literario antes del toque de queda. Se reunían algunos intelectuales sin saber que, durante sus tertulias, el esposo de la anfitriona torturaba sospechosos de alta traición en el sótano de su casa. Régimen Militar / Stasi. El ojo del gran hermano y la lengua y las manos de Víctora Jara.


Dice un joven de veinte años que la poesía son los chochos homeopáticos. Miro el rostro de Lenin. Roque Dalton le da un aventón por el infierno. De su ranfla una música suena. Y por un momento la ira se disipa. Pero la guerra sigue, se recrudece. Uno se acerca, se llama el poema de Pancho, a la libertad. No hables no digas nada. Pájaros en el alambre. Moros en la costa. Halcones en el jueves de corpus. Porros en la prepa. Una bengala anuncia: El Batallón Olimpia abre fuego.


Todos esos momentos se perderán en la lluvia, igual que lágrimas en los ojos. Y mientras sigamos en este plano, planear lo más lejano posible. Haciendo puentes que nos devuelvan adentro para de ahí brincar a los otros. Para una estudiante de LELIT la compañía es importante, me dijo, pues así me reconozco y aprendo a saber quién soy. ¿Cómo escribir poemas después de Auschwitz? Hacer la conversión a tercera persona. Yo es otro.


De la necesidad de gritar, del corazón cosido a puñaladas. Del hambre y la impudicia de este teatro nace el poema. Y sin embargo, siempre el sin embargo. ¿Quién es ese que va comunicándose de fuego por todo su camino? Ésta vez no es el florentino. En su exilio permanente tampoco la infancia. Las llamas que reflejan los ojos son de los mártires. Aquellos que, sin deberla ni temerla, se revuelcan en el fuego. El daño que hacemos sin darnos cuenta, y es que todos los lugares son infierno para la mujer.



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