La cárcel de grafito.

 

Tengo pésima caligrafía, sin embargo, escribo. Escribo porque puedo, porque quiero y porque soy; soy este escribir, y al escribir, soy. Mi herramienta principal es la palabra, no el teclado, no las manos, no la mente, si no el lenguaje. Abogo por la libertad en la literatura, sin otro medio más que el mismo apalabrar.

            En mi educación reiteradas veces se me ha reprochado mi forma de escribir. Mi letra es horrible, incomprensible y fea. Me dejaron planas sin fin de palitos y bolitas, pero yo no aprendí. Mi madre me compró en una feria un “espirógrafo”; era una especie de ruedita-molde con distintas figuras en las cuales colocaba el lápiz y dándole vueltas sobre un papel giraba un engranaje y salían dibujos muy psicodélicos; no me sirvió. Ha llegado este absurdo a tanto que en la misma universidad se me ha reprendido el uso de una laptop para tomar apuntes durante las clases; como si el tomar nota con lápiz o bolígrafo fuera una garantía del aprendizaje certero.

            En uno de los libros finales de Bukowski, El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco, que es una especie de diario enloquecido del vivir cotidiano del autor, expresa en una de sus entradas cómo la transición de máquina de escribir a ordenador fue para Bukowski como encontrar el elíxir de la escritura creativa. Habla de cómo la autocorrección de ortografía, el backspace y distintas facilidades que los programas como Word manejan, hicieron que el proceso escritural fuera mucho más productivo y fluido, con mayor calidad y cantidad. Creo que es testimonio de esto la mejoría de todos los escritos de Bukowski en su etapa posterior, con sus poemas finales y su última novela, verdaderos hitos en su extraña carrera.

            También para mí ha sido excepcional el cambio. Tan sólo con mi sistema de versificación trascendental, imposible de concretar de forma “análoga”, he encontrado en las herramientas digitales un caudal exorbitante de posibilidades poéticas. ¿Qué daría yo por encontrar una manera en que la escritura fuera tan sencilla como tan sólo pensar e imaginar y que el lenguaje, el teatro de mi mente se materializara sin la necesidad de una labor manual intensiva y tediosa? El futuro está en la facilidad de la escritura, mientras menos trabas haya entre el caudal trascendental de la consciencia autoral y el papel, mejor será la literatura.

            Basta de borrar y corregir, tiremos los lápices a la basura. El futuro del canto está en su mismo origen, libre de bordes y límites, más allá del obstáculo recalcitrante de la tinta y el medio. Escribamos como escribió el primer literato, el primer canto del hombre primitivo, o el primer mundo concebido desde adentro, frente al fuego de una cueva, representando la existencia sin papel, en los surcos de la mente que es un océano sin límite de jitanjáforas perpetuas. Así seremos libres de la tiranía del grafito, donde la forma es cárcel de la infinita hermosura en la literatura.

Comentarios

  1. Una vez más, me encanta la forma en la que empezaste el texto, también se me hizo muy interesante el texto, mientras más leía, más me convencías sobre tu punto de vista, mi ensayo es sobre una idea diametralmente opuesta a la tuya, y aún así tu texto me hace pensar que en realidad tú eres quien escribió la verdad.

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  2. Diego quiero ser como tú cuando sea grande! Admiro la creatividad y originalidad con la que abordas tus textos, lo innovador de tu enfoque y como me has contado de ese sistema de versificación que planeas, me resultó aún más genial e interesante. Sorprendente leerte

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