Escucho desde las paredes.
Soy un oído invisible, atento entre los muros, te escucho desde las paredes, te oigo reír... Y te oigo llorar, tocar el piano y conspirar, pero mi voz es muda e inaudible.
No conozco la razón, pero te espió por lo que tienes, te escuchó para deshacerme de ti, te oigo entre el cableado y el teléfono, con un botón te sigo desde la entrada a la ventana. Te escucho hacer el amor, y sé que eres inocente, predicas en el nombre de quienes se fueron con plomo en las sienes, y en rojo escribes tu manifiesto, me odio a mi mismo por ser mi oficio entregarte, mas en el teclado seguiré mintiendo con tu obra.
Mi nombre es HGW, y el tuyo Georg, ¿Cómo está Christa?, después de entregarte, yo no pude, y la caja escritora hice desaparecer junto a las hojas de papel, por ello terminé bajo tierra ablandando el papel de transito hasta el muro caer.
No pasa una noche sin pensar, te salvé, pero remuerde en mi consciencia que protegerte terminó con ella, la vida ha sido cruel.
Ahora abro la tapa y me agradeces. Un ángel mudo sobre tu techo, uno que se apiada sin cuestionar cuál es tu nombre, pues defiendes lo que es correcto y nada pudieron hacer para acallar tus quejas.
Uno de los mejores textos poéticos que he leído. El sentido figurado en cada una de las palabras me hace querer ponerlo en una carta, pero sabemos que las buenas palabras se han de dedicar a personas que realmente valgan la pena.
ResponderEliminarMe parece hermosa la manera en la que cuentas el texto, haces que vea la historia desde una perspectiva completamente diferente, además de que el lenguaje, más allá del contenido, también se me hace hermoso.
ResponderEliminarDe las pirámides de Giza por Machu Pichu hasta las catedrales oigo el rumor de las ruinas. Tantos hombres sin nombre levantan las más grandes obras. Todos anónimos. Y pensar que a tu lado no sólo te espían sino además, alguien te envuelve en alas de oro. No lo conozco. Nadie nunca vio su rostro. Pero sé que en sus hombros lleva el peso del mundo.
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