EL LÁPIZ

El rezago que deja un lápiz es inmenso. 

Nos empuja a garabatear historias que solo existen en nuestra cabeza, dibujar bocetos que hemos visto alguna vez, volver eterno un pensamiento al ponerlo en papel. Y encerrarlo ahí. Con un borrón, con un intento nuevo…con buenas obras que quizá no prevalezcan. 


Su existencia es simple. Es solo un palo delgado de madera con una mina de grafito en el centro. Lo damos por sentado. Pero, ¿no es el lápiz una creación llena de posibilidades? 


Escribimos, dibujamos, lo borramos. 

Trazamos, coloreamos, volvemos a borrar. Le sacamos filo y jugamos con lo que tenemos: ya una carta, ya un borrador, ya el comienzo de una historia… Nos preguntamos si es el lápiz el problema  o si es solo nuestro hartazgo por terminar. 



Pero un lápiz no está exento de defectos -me digo a mí misma- puede romperse, reducir su existencia a grafito en polvo, dejar manchas y recordarme con éstas los fantasmas de mis errores. Pero son sus defectos lo que nos envuelven… 



¿Cuánto no hemos perdido por ignorar lo que nos advierten los sentidos? ¿Por no escribir lo que sentimos? 

Comentarios

  1. Lo que hiciste fue magnífico.
    La simplicidad de tu texto lo hace más bonito, más fácil de digerir y te deja queriendo más, cómo diste un giro en el cuarto párrafo al pensar en los defectos del lápiz y cómo llevaste todo el tema me encantó. Tú trabajo me gustó mucho mucho.

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  2. Me gusta la forma en la que hablas del lápiz, nombrando tanto sus virtudes como defectos.  Buen trabajo.

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