El lápiz.

¿Cuál es la herramienta más importante para un artista? No la más valiosa, no la más cara, no la 
más grande, la más importante. Cualquiera diría que no hay tal herramienta, que es la imaginación y ese es su límite, pero, ¿con qué se representaría la imaginación si el ser humano aún no ha descubierto cómo leer pensamientos para que los demás los entiendan? Tan sólo un pedazo de grafito, madera y tenemos un instrumento de creación inminentemente trascendental en nuestra vida y que hoy con facilidad podemos conseguir en algún recinto de estudios. Los lápices son de esas cosas que conocemos a la perfección porque la vemos todos los días, sin saber cuál es su origen o cómo llegó a ser lo que es en nuestra actualidad, tan sólo nos damos cuenta cómo avanza a través de los años si nos hacemos las preguntas correctas en una pausa necesaria, además de contar con sus repercusiones al medio ambiente que posiblemente no consideramos a la hora de escoger un ejemplar en la tienda.

Desde hace muchos años la comunicación es uno de los rasgos que nos ha diferenciado de los 
animales, teniendo como principal motivo el deseo de dejar huella en alguna parte física del 
mundo; y un ejemplo muy claro son las pinturas rupestres de Lascaux, cuyas pinturas con 
perspectiva retorcida que le dieron forma a los primeros recuerdos físicos en la tierra de 
hombres primitivos que esperaban representar con sus manos los recuerdos de las primeras 
generaciones del mundo, pero la pintura pasó a quedar en segundo plano por la falta de lienzos 
y pulcritud de los cálculos matemáticos de la antigüedad.

El lápiz tiene sus propios antepasados, desde el tiempo de los romanos, en cuando muchos 
sabios plasmaban sus conocimientos para no olvidar o incluso comerciantes daban cuentas y 
entregaban montos de trueques o arreglos de materias y bienes. Hablamos de estilete, una 
varilla de metal que se ocupaba para raspar el papel de aquella época (denominado “papiro”) o 
también para plasmar cuentas en tablillas, que posteriormente fueron evolucionando. Fue 
casualidad que un grupo de pastores, en el siglo XVI, en su paseo ulterior a una tormenta, 
descubrieran en el interior de un árbol un desconocido material que manchaba al tocarlo, una cosa que fue confundida con el plomo, el útil grafito, muy eficiente para marcar a las ovejas del rebaño y que no se confundieran bajo ninguna circunstancia. La madera no se ocupó sino hasta 
el siglo XVII por los italianos, que pasó a reemplazar la piel de animales en que se envolvían los pedazos de grafito para poder tomarlos con firmeza y escribir en el ya conocido papel (con orígenes en China). La eficiencia con que pasó a la historia llegó a equiparar a la tinta de hace muchos siglos, que con la pluma habían sido las herramientas principales de personas 
intelectuales y sido testigos de firmas de tratos trascendentales en la historia de la humanidad.

Ahora bien, se sabe que el lápiz forma parte de un arsenal de la imaginación del artista, de cómo 
nos preparamos para tomar uno y poder coordinar con él en nuestros primeros años de vida y de que siempre para apuntar o dibujar una idea es indispensable tener uno a la mano. El lápiz es un cofre del tesoro de donde sólo nosotros tenemos la llave y esperamos con ansias dictar un mapa a nuestra inspiración y seguir el camino para una meta, los trazos son las partículas de fenómenos lingüísticos visuales y literarios que anhelamos transportar de nuestras mentes a un espacio físico. Estamos conscientes del valor trascendental que tiene dicha herramienta viendo a sus sucesores, como el portaminas, que no necesita ser afilado y que trabaja con un mecanismo sencillo pero innovador, o el lápiz de plástico, que, aunque preocupándose más por la comodidad, la estética y la imagen, aguarda para los más pequeños un diminuto pero significativo rato de relajación y diversión por su flexibilidad. 

Aunque desafortunadamente no todo es miel sobre hojuelas. Hoy en día la relación de oferta y 
demanda de los lápices no es tan clara, y al no contar con la consideración de la utilización de 
los recursos no renovables como la madera y el grafito, las empresas y fábricas de estos instrumentos se han visto envueltos en muchas problemáticas, principalmente porque la 
cuestión ambiental no es del todo favorecedora y temen que su producción acelerada, digamos, 
unos 500 lápices por segundo al día son cifras alarmantes. Muchos han puesto esperanzas en 
nuevos proyectos que colaboren, no sólo a que se le haga un favor a la naturaleza como pago 
por sus recursos, sino también como una ayuda para el medio ambiente: los llamados lápices 
ecológicos, amigables con el ambiente, que se convertirán en un distinto tipo de planta una vez 
terminando su tiempo de vida como instrumento del artista. Esperemos que esta iniciativa sea 
de lo más útil para no sólo el miedo ambiente, sino también para las ideas que permanecerán
inmortalizadas en la historia, pues sin el lápiz, muchas de las cosas y bienes de los que gozamos hoy en día no existirían.

Comentarios

  1. Me gustó mucho la reflexión que haces al principio de tu ensayo. Aprendí cosas muy interesantes que no sabía, creo que el lápiz es un objeto tan común que nunca nos detenemos a pensar en la historia tan sorprendente que puede tener.

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