Aceptar la impredecibilidad de la vida nos hace más felices.

 Aceptar la impredecibilidad de la vida nos hace más felices. Basta con un trazo, un segundo o un parpadeo para que todo se vuelva un caos. Y eso está bien.


Existe un apego muy humano a las rutinas, hábitos y relaciones que nos dan una sensación de seguridad y comodidad. Estamos acostumbrados a dar las cosas por sentado y nos cuesta entender que un simple movimiento puede desencadenar una serie de eventos que nos lleven a lugares completamente desconocidos. Yo entiendo este fenómeno como algo mágico y, a su vez, un poco terrorífico.


Lidiar con esta incertidumbre nos da dos opciones: podemos sentirnos ansiosos, estresados o abrumados si nos resistimos al inevitable cambio, o podemos elegir liberarnos al reconocer que no todo puede estar bajo nuestro control y que incluso son más las cosas que están fuera de nuestro alcance.


En lugar de desgastarnos con lo azaroso del destino, podemos abrazarlo y encontrar formas de crecer y aprender de las nuevas situaciones que nos desafían. Puede ser una fuente de oportunidades y crecimiento personal o nuestra propia ruina. Todo depende de su interpretación.


Los eventos inesperados pueden sacudirnos de nuestra zona de confort y obligarnos a enfrentar nuestros miedos y debilidades. Nos enseñan a ser más resilientes y a valorar cada momento presente, sabiendo que nada está garantizado.


Entender que la vida es efímera, que todo es pasajero y que la belleza de las cosas se encuentra justo en su incapacidad para mantenerse siempre iguales es lo que nos vuelve locos o lo que, a los buenos escritores, nos devuelve la paz, alegría y cordura.


Comentarios

  1. Está muy padre la idea que englobaste a partir de la imagen, lo inesperado de la vida y el orden que intentamos imponerle

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