Arlequin y Pierrot (Trabajo Alejandra Ibarra Cortez)

 Arlequin y Pierrot.

Maria Alejandra Ibarra Cortez

La vida puede llegar a definirse como un circo, todos usamos máscaras y actuamos como si supiéramos lo que estamos haciendo, diciéndolo de una manera cruda, somos muchos, pero al final siempre estamos solos, rodeados de personas que al final de cuentas realmente no saben cómo somos en nuestro pequeño núcleo y parece ser que a nadie realmente le molesta esto, o por lo menos a mí no me genera ninguna incomodidad.

Pero qué pasa cuando encontramos a un igual, un nunca uno sin el otro, citando una frase de un dios de la muerte Kindred que aparece en uno de mis videojuegos favoritos, día y noche, ¿Qué se hace cuando logras conseguir lo que para muchos ya prácticamente es un logro en la vida? Quizás todo podría responderse en un simple y sencillo escrito de 5 párrafos o quizás no.

Dualidad divina de la que muchas veces se habla en esas historias de ficción donde un hombre pequeño afirma que una vez encontrando a tu alma gemela ya no necesitas ni siquiera comer, así es cómo podemos apreciar a esta singular pintura, o al menos la percepción de aquellos que estamos enamorados de la idea del amor.

Dos complemnetos perfectamente equilibrados para poder mantener la atención del público, un trabajo difícil al igual que la vida, que sin duda alguna muchos artistas trataron de retratar a la hora de hablar de estos dos personajes tan característicos, miles de trazos han sido dedicados a ellos dos que quizás me tomaría toda la vida si quiera poder llegar a describir la mitad.

Alegría constante ululante junto a pasos calculadoramente medidos de manera fría es la manera perfecta de poder describir a esta singular pareja que sin duda alguna aparece dándonos de que hablar durante mucho tiempo he incluso se termina convirtiendo en un símbolo de la cultura pop, colores rojos, negros, blancos y tal vez uno que otro derivado del café son sin duda logran encajar a la perfección fusionando este entrañable duo.

Comentarios

  1. Está muy chido cómo utilizas la pintura de la que hablas, y los personajes de Arlequín y Pierrot, como meras excusas para hablar de lo que tú quieres, jajajja. Me parece muy sincero de tu parte como escritora. Creo que es de valor que tu discurso personale permanece a pesar de la imposición del tema. Y eso está muy chido.

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