Arlequín y Pierrot: Desenmascarando
la desigualdad social renacentista
¿Es el arte verdaderamente humanista? El
Renacimiento, como sabemos, es conocido por ser un parteaguas social gracias al
impulso del antropocentrismo en sus manifestaciones intelectuales y artísticas,
liberándose de las ideologías opresoras con tendencias meramente religiosas y
dejando lugar al retrato de las complejidades del ser, pensar y sentir individual
y colectivo de formas particulares, sin embargo, es importante cuestionarse de
qué manera y en qué medida esto representa un genuino avance en la búsqueda de
una sociedad interesada en el bienestar de sus partes y el reconocimiento de la
humanidad de cada una de ellas.
Es entonces que, bajo estas circunstancias, en
pleno auge del Renacimiento italiano, nacen los primeros bosquejos de las figuras
que hoy en día son la referencia predilecta a la hora de hablar de las
múltiples disciplinas escénicas, desde el ballet hasta lo típicamente concebido
como el espectáculo circense: La Comedia del Arte fue una forma de expresión
artística que tuvo un origen de carácter callejero y bullicioso, en el que
encontramos elementos carnavalescos de entretenimiento como la pantomima, las
acrobacias y la caracterización mediante máscaras, alegremente fusionados con
las virtudes clásicas del teatro italiano de la época.
El objetivo principal de las funciones era el
de entretener y hacer reír a sus espectadores, lo que lograba contando
historias románticas enredosas con resoluciones cómicas, pero también con la
exageración y ridiculización de ciertas actitudes, en pos de evidenciar la
postura que se tenía ante la censura artística, siendo también un recurso
imprescindible a la hora de hacer crítica social mediante la sátira. Resulta,
pues, evidente esta intención burlesca en la resolución de personajes archivados
en ideologías y comportamientos arquetípicos de las clases sociales de
entonces, es así que se expone en las interacciones entre ellos y las tareas o
acciones que se les ve desempeñando, la percepción colectiva contemporánea de
ciertos miembros de sectores poblacionales particulares.
Indaguemos específicamente en aquellos personajes
que son motivo de la presentada disputa sobre el grado de humanidad que puede,
o no, tener esta forma popular de entretenimiento, rogando al lector, tenga en
todo momento en mente lo sostenido en el párrafo anterior. Tanto el Arlequín
como Pierrot, entonces, son presentados como la representación de la clase
baja, en el estatus de lacayos, muchas veces fieles a todo lo que en la época
se determinaba como “degenerado”. El primero era ignorante, pero ingenioso, con
locura y con gracia, era quien se encargaba de la mayor parte de las acrobacias
y trucos corporales. Además de portar su reconocible traje de cuadros o rombos
coloridos (que representaban los parches en la ropa andrajosa de un sirviente),
llevaba una curiosa máscara, cuyas razones de ser son, cuando menos, extrañas y
dispuestas a un potencial debate, pues reunía las apariencias de gato y mono debido
al comportamiento enérgico y errático de los de baja posición dentro del
esquema de organización social, en algunas variaciones hasta con una
protuberancia que parece ser un cuerno cortado debido a una radical (y que yo
encuentro imprudentemente graciosa por lo fuera de lugar que suena) creencia
sobre un supuesto origen diabólico. Más aún, fueron atributos que, con el
tiempo, fueron moldeándose hasta convertirse en una burda imagen de esclavo
negro. Por su parte, el dibujo final de Pierrot es una explícita encarnación de
lo que se consideraba “degenerado” al ser un pálido taciturno y sensible enamorado
de la luna.
Hay que decirlo: Detrás de la máscara y los
adornos estilísticos esenciales del género teatral de la Comedia del Arte, se
esconde una perspectiva que, aún en conciencia del funcionamiento de la sátira
y toda su hipérbole, termina por ser discriminatoria, pues si bien es cierto
que un arquetipo no es más que la conjugación de perspectivas de la realidad,
cae en contradicción sirviéndose de comparaciones cuestionables para completar
un recurso de intencionalidad justiciera aparentemente superficial. Preguntémonos,
sin afán de restar mérito a todo lo demás que le otorga un nivel de alcance en
el mundo de la libertad de expresión y del arte, qué tan humanística puede ser
una obra más allá de los factores circunstanciales que la rodean y por qué,
pese a qué tan bien o mal haya envejecido un precedente artístico importante,
trasciende hasta dejar un legado tan simbólico como estas dos figuras.


Me encanta el enfoque que le das al principio, que nos hablas del arte, la danza y el teatro y no hablas directamente de estos personajes. También me gusta la mención de la representación de las clases de los personajes.
ResponderEliminarMe pareció fascinante la manera en la que trataste el tema, siempre tuve claro de lo que trataba el texto, y la manera de desenvolver el contexto en los dos primeros párrafos, y luego llegar a Arlequín y Pierrot construye una expectativa que hizo que el ensayo me interesara aún más.
ResponderEliminartu párrafo de conclusión fue un boom, que buena manera de darle un cierre al texto, gran forma de sintetizar la información, mantuvo mi atención hasta el punto final :)
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