ARLEQUÍN Y PIERROT
Cuando conocí a Pierrot el mundo estaba terminado para mí. Salía de casa con el sombrero puesto, a la calle gris y fría. Era un tiempo terrible, estaba por terminar la temporada de invierno. No había mucha gente en las calles de esta ciudad imaginaria. Algunos perros inmunes a los copos de nieve. Los gatos, dentro de casa, te miraban a través de los cristales.
Cuando conocí a Pierrot el mundo era un bloque de hielo. Era de noche. Recorría las calles: Zirma, Tamara, Zoe, Ipazia, Olivia. En la esquina de María-Magdalena, como en una difusa visión producida por los copos que caían, vi a Pierrot. ¿Era de noche? No lo sé o no lo creo. Recuerdo vago: La luna o el sol entre las nubes. Pierrot de blanco, muy blanco, confundido con la nieve.
Antes o después conocí a Arlequín. Pendenciero y borrachin. Tocaba el violín en las albas tejas de mi ciudad. Cada roce del arco con las cuerdas dejaba caer un poco de brea, dando color a los lienzos de un pintor muy famoso. Pero es muy incierto. Lo más probable es que Arlequín cantara Sympathy for de devil y que tuviera lástima del diablo.
Como sea, su ropa era un mosaico de las más pintorescas vestiduras. No estaba sucio ni olía feo. Cada pedazo de prenda remendado era una pintura en miniatura. No lo vi hasta que se acercó, ni se fijó en mí. Rumiaba algo entre dientes. De haber observado un poco más de tiempo su vestido, tal vez hubiera descubierto su historia.
No recuerdo el año ni lugar pero conocí a Pierrot y Arlequín. Era un invierno de mucho frío y había una luna o era el sol detrás de las nubes. Miré a mis nuevos amigos (aunque nunca les hable y digo mis amigos porque siento que compartían conmigo la ventura o desventura, a mi parecer, el punto de vista es importante, de estar solo) al pie de un balcón. Una escena increíble si se tiene en cuenta que en esta ciudad ya no queda nadie. Todo es gris porque salen de casa con prisa. Pierrot, Arlequín y la luna. Por extraño que parezca, hay un tercer elemento que siempre estuvo ahí aunque poco visible. En el balcón o ventana donde mis amigos hacían su pantomima. Alta como una estrella. El cabello rubio, castaño o pelirrojo, ya no recuerdo. La silueta se fundía con la nieve y los rayos del sol o la luna, con los cantos y la música que salía de sus instrumentos. El violín, la guitarra, ¿cómo saberlo? De alguna manera nos parecíamos tanto.
Si bien es un relato, me gustó en cuanto a la descripción del entorno en esa cuidad imaginaria, a finales de invierno. Me gustó que a Pierrot le acompañasen palabras semejantes a lo que es su aspecto: blanco como la nieve.
ResponderEliminarEn cuanto a Arlequín, vaya toque el de la mención de una canción de The Rolliing Stones, muy bueno; igual con la descripción de cómo es ese personaje: desvergonzado.
Considero que todo sirvió para crear este relato súper interesante.
Me encanto tu relato, además de que no te fuiste a la segura como muchos hicimos al hablar del teatro o la pintura. La forma de describir a los personajes es fantastíca y eso sin mencionar cierta canción que le da un plus a tu relato.
ResponderEliminarFascinante tu relato, es maravilloso como relacionas a los personajes con canciones. De verdad un texto interesante y cautivador
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